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Chilena O Cueca Tradicional

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SAMUEL CLARO VALDÉS CARMEN PEÑA FUENZALIDA MARÍA ISABEL QUEVEDO CIFUENTES
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Cueca Histórica Todo el planteamiento histórico de estas páginas está basado en el libro "Chilena o Cueca Tradicional", publicado por Ediciones Universidad Católica, en 1994, obra de un equipo de investigadores dirigido por Samuel Claro Valdés en colaboración con Carmen Peña Fuenzalida y María Isabel Quevedo Cifuentes, el más reciente y completo estudio sobre la cueca, que basa muchas de su conclusiones en las enseñanzas del ex matarife y cultor cuequero Fernando González Marabolí. La Chilena, una danza de exportación Sólo una vez los chilenos hemos producido algún tipo de moda musical fuera de nuestras fronteras, ese mérito lo tuvo la cueca chilena durante el siglo XIX. Con el nombre de "chilena" la cueca se impuso los años que siguieron a la Independencia en Perú, Bolivia, Argentina e incluso México, donde todavía se le conoce por el mismo nombre entre otros ritmos tradicionales propios. En Perú llevó el nombre de "chilena" hasta la guerra del Pacífico, cuando un destacado escritor limeño sugirió llamarla "marinera" en honor a las glorias navales de ese país. La cueca es urbana En rigor, la cueca tuvo su origen y alcanzó máximo desarrollo musical en las ciudades, principalmente en los puertos, a la par del florecimiento de una vida alegre muy propia de la chilenidad del siglo XIX y buena parte del siglo XX. La Chingana La chingana puede describirse como la cuna de la cueca. Erigidas en terrenos abiertos, las chinganas eran fondas levantadas con ramas, con mesas en su interior, algunas tenían escenario para los músicos. Ahí se reunían los estratos populares a pasar un rato de esparcimiento: se cantaba, se bailaba, se bebía y comía. Allá por el mil ochocientos veinte y tantos, concluído el proceso de Independencia, las chinganas despertaron el interés de estratos sociales altos. Curiosidad populista que durante la colonia era impensable. Más aún, este tipo de fondas y sus "bailes de la tierra" -según el léxico colonial ilustrado- estaban prohibidos. Familias de rancio abolengo comenzaron a visitar las chinganas, seguramente buscando esa esquiva "identidad nacional", o simplemente atraídas por el colorido y la alegría reinante en estos lugares. El pericón, zapatera, llanto o zamacueca, todos "bailes de la tierra", eran los ritmos que se podía escuchar en las chinganas. Se supone que por un par de décadas hubo sintonía cultural entre dos caras tradicionalmente opuestas de la chilenidad: los criollos europeizados y el mestizaje castizo. Durante ese período la zamacueca -luego transformada en chilena y/o en cueca, a secas- inundó el territorio y traspasó fronteras.
LOM
9789561412217
1 Artículo

Ficha técnica

Autor
SAMUEL CLARO VALDÉS CARMEN PEÑA FUENZALIDA MARÍA ISABEL QUEVEDO CIFUENTES