Un país en plena dictadura, un grupo represivo que actúa en las sombras: torturas, asesinatos, desapariciones, centros clandestinos de detención. Y un joven soldado, Andrés Valenzuela. Papudo, su pueblo. «Papudo», su apodo. Joven soldado que poco a poco se fue adentrando en el infierno.
Una mañana resuelve «contarlo todo, escupirlo todo, hasta el último detalle. Aunque me persigan. Aunque me maten por desertor».
«Poco importa, en realidad: ya estás muerto. Te robaron el alma».
Andrés Valenzuela fue el único agente que, estando en servicio activo, desertó tras haber entregado a la Vicaría de la Solidaridad informaciones sobre la estructura y las prácticas de exterminio implementadas por la organización secreta de la cual formaba parte.